Atardecer en la Enramada

Me encanta esa playa, no sé qué es lo que tiene. Ya antes de que la arreglasen me encantaba, aunque no podía disfrutarla mucho ya que esos callaos podían conmigo. Ahora se ha convertido en uno de esos pequeños placeres cotidianos que hacen que la vida (o por lo menos el día) valga la pena. Pasear tranquilamente por la orilla del mar, viendo la puesta de sol, mientras los surfistas apuran las últimas olas, es el momento de serenidad que me hace encontrarme conmigo misma al cabo del día.

Durante la jornada me sorprendo pensando en algunas ocasiones en ese momento final del día, cuando, descalza, dejo vagar la mirada en el horizonte, mientras noto el cosquilleo de las piedritas en las plantas de mis pies. Cuando el trabajo me supera, mi pareja me supera, mis hijos me superan y todo parece amontonarse de forma incontrolable, busco en mi mente ese remanso de paz como tabla de salvación al caos diario.

La Enramada…, doy gracias a quien sea por haberla convertido en más accesible y disfrutable… Sé que hay gente que critica el cambio, o el estado en que se encuentra… a mi me encanta, que quieren que les diga, esa playa a medio camino entre salvaje y “civilizada”. A mí déjenmela como está, que así no va mucha gente. Para mí no son las sombrillas, ni los kioskos, ni la arena, ni los aseos… yo solo quiero que se quede como está y poder seguir disfrutando del final del día en ella…

Me encontrarán allí…

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